Cureus. 24 de octubre de 2025;17(10):e95310. doi: 10.7759/cureus.95310. Colección electrónica 2025 oct.
El síndrome de Guillain-Barré (SGB) es un término que incluye un grupo de neuropatías periféricas autoinmunes que afectan diversas distribuciones nerviosas y que típicamente se caracterizan por un inicio agudo de parálisis arrefléxica con disociación albuminocitológica. Dada la amplia gama de subtipos y presentaciones clínicas, el SGB puede ser difícil de diagnosticar; sin embargo, la naturaleza potencialmente mortal del trastorno hace que el diagnóstico y el tratamiento oportunos sean una máxima prioridad. Un joven atlético de 36 años con antecedentes de infección reciente de las vías respiratorias superiores acudió al servicio de urgencias quejándose de dificultad para caminar. Inicialmente desarrolló entumecimiento en la zona genital y perianal, seguido de hormigueo en manos y pies, y luego dificultad para caminar debido a la inestabilidad, lo que finalmente lo impulsó a buscar atención médica. Su presión arterial era de 142/85 mmHg y su frecuencia cardíaca de 58 lpm. El examen físico inicial reveló hiporreflexia y marcha atáxica, no se observaron déficits en los nervios craneales y la fuerza motora estaba intacta en las cuatro extremidades. Al día siguiente, se observaron parálisis facial del lado derecho y debilidad proximal de las extremidades inferiores (capaz de moverse contra una resistencia mínima). Debido a una fuerte sospecha de SGB, se inició un tratamiento de cinco días con inmunoglobulina intravenosa (IGIV). Al día siguiente, el paciente mostró arreflexia con empeoramiento de la debilidad proximal de las extremidades inferiores y de la extremidad proximal superior. El análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) mostró disociación albúmina-citológica. La proteína total estaba elevada mientras que el recuento de células era normal, hallazgos compatibles con GBS. Al cuarto día de hospitalización, la diplejía facial era evidente, aunque notablemente sin ninguna afectación oculomotora. Además, había desarrollado disartria y disfagia. La debilidad en las extremidades inferiores continuó progresando, restringiendo finalmente el movimiento sólo a los casos en los que la gravedad estaba contrarrestada. Afortunadamente, el paciente no presentó signos de compromiso respiratorio y tanto la capacidad vital (VC) como la fuerza inspiratoria negativa (NIF), que fueron monitoreadas cuidadosamente, se mantuvieron dentro de los límites normales. Al finalizar el ciclo de IVIG, el paciente no mostró ningún déficit neurológico nuevo; en cambio, comenzó a mostrar una mejora lenta en la función motora. Continuó realizando terapia física y ocupacional intensiva y finalmente fue dado de alta a un centro de rehabilitación para pacientes hospitalizados, donde continuó la mejoría gradual. Este paciente exhibió una constelación única de síntomas, que combinaban características del SGB clásico y variantes más raras, lo que plantea un verdadero desafío diagnóstico. Este caso estuvo marcado por ataxia, diplejía facial y parestesia, además de la característica debilidad ascendente, lo que resalta la complejidad clínica. El GBS es una afección potencialmente mortal; por lo tanto, el reconocimiento temprano es crucial. Los pacientes necesitan una estrecha vigilancia cardíaca y respiratoria, ya que corren el riesgo de sufrir disfunción autonómica y compromiso respiratorio. Las opciones de tratamiento incluyen plasmaféresis e IVIG, y ambas terapias son equivalentes y deben iniciarse rápidamente.
PubMed:41287734 | PMC:PMC12640570 | DOI:10.7759/cureus.95310
